La reunión comenzó quince minutos más tarde de lo pautado, como es costumbre en la región, y los invitados -actores, músicos, escritores y bailarines- comenzaron por escuchar las palabras del funcionario.
La situación era extraña pues rara vez los funcionarios convocan a los artistas del pueblo para aportar elementos a la gestión, a lo sumo les dan espacio para proponer alguna idea sobre un espectáculo o muestra. Quizás por eso algunos estaban incómodos y otros se refugiaban detrás del mate que circulaba diligentemente entre los presentes. Pero la reunión ya había empezado y el funcionario estaba explicando más o menos pomposamente, que el motivo de la reunión era convocar a los artistas locales para constituirse como grupo de trabajo encargado de diagramar la actividad cultural del pueblo durante el año en curso.
Luego de esta apertura los artistas asistentes comenzaron a hablar más o menos ordenadamente, más o menos confiadamente, más o menos lucidamente.
Uno dijo que la más grande dificultad no era el público, escaso por cierto por aquella zona, sino en la imposibilidad de reunirse para colaborar y poner en marcha los proyectos, lo cual pareció razonable a algunos. Igualmente su crédito fue breve pues inmediatamente comenzaron a oírse las voces de reclamo ante el municipio, que tiene la obli-ga-ción- de apoyar los emprendimientos culturales allanando toda dificultad al artista, que ya bastante tiene con templar su espíritu y pulir sus manos para el arduo y sutil trabajo creativo.Finalmente el músico que estaba más cerca de la ventana dijo: “Por último debo aclarar que hay en nuestro medio propuestas exquisitas, que muy poca gente sabe que existen y que merecen y reclaman todo el apoyo posible del gobierno, ya que difícilmente lleguen a los grandes escenarios, no teniendo lugar en los festivales, grandes teatros y eventos multitudinarios”. La cara se le iluminaba cuando hablaba creyendo estar representando a sus fieles amigos, hombres libres y fascinantes que no ocupaban el lugar que merecían por pura mezquindad de la gente. El tiempo se había terminado y una nueva reunión, esta vez con los comerciantes del centro, estaba por comenzar en el mismo recinto; entonces me fui pensando en lo que había dicho el último orador y en aquellos genios de las sombras, ilustres ignotos que hartos de contemplar las uvas han terminado por conformarse con las migajas de un pobre prestigio familiar. Genios de los que hay muchos.
La situación era extraña pues rara vez los funcionarios convocan a los artistas del pueblo para aportar elementos a la gestión, a lo sumo les dan espacio para proponer alguna idea sobre un espectáculo o muestra. Quizás por eso algunos estaban incómodos y otros se refugiaban detrás del mate que circulaba diligentemente entre los presentes. Pero la reunión ya había empezado y el funcionario estaba explicando más o menos pomposamente, que el motivo de la reunión era convocar a los artistas locales para constituirse como grupo de trabajo encargado de diagramar la actividad cultural del pueblo durante el año en curso.
Luego de esta apertura los artistas asistentes comenzaron a hablar más o menos ordenadamente, más o menos confiadamente, más o menos lucidamente.
Uno dijo que la más grande dificultad no era el público, escaso por cierto por aquella zona, sino en la imposibilidad de reunirse para colaborar y poner en marcha los proyectos, lo cual pareció razonable a algunos. Igualmente su crédito fue breve pues inmediatamente comenzaron a oírse las voces de reclamo ante el municipio, que tiene la obli-ga-ción- de apoyar los emprendimientos culturales allanando toda dificultad al artista, que ya bastante tiene con templar su espíritu y pulir sus manos para el arduo y sutil trabajo creativo.Finalmente el músico que estaba más cerca de la ventana dijo: “Por último debo aclarar que hay en nuestro medio propuestas exquisitas, que muy poca gente sabe que existen y que merecen y reclaman todo el apoyo posible del gobierno, ya que difícilmente lleguen a los grandes escenarios, no teniendo lugar en los festivales, grandes teatros y eventos multitudinarios”. La cara se le iluminaba cuando hablaba creyendo estar representando a sus fieles amigos, hombres libres y fascinantes que no ocupaban el lugar que merecían por pura mezquindad de la gente. El tiempo se había terminado y una nueva reunión, esta vez con los comerciantes del centro, estaba por comenzar en el mismo recinto; entonces me fui pensando en lo que había dicho el último orador y en aquellos genios de las sombras, ilustres ignotos que hartos de contemplar las uvas han terminado por conformarse con las migajas de un pobre prestigio familiar. Genios de los que hay muchos.
Hasta la próxima entrega
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