martes, 2 de septiembre de 2008

Prestar oídos

La expresión está pasada de moda, ¿la acción que sugiere también?.
La labor del intérprete musical es ardua; por un lado implica el dominio del instrumento elegido, lo que lleva muchos años adquirir, aún en el caso de los más dotados. En forma paralela se debe educar la sensibilidad y adquirir un criterio personal frente a las muchas posibilidades que ofrece la profesión, para luego dedicarse a ensanchar cada día el camino que se ha elegido.
Sin embargo esto no es todo; es simplemente una parte de un proceso que se completará adquiriendo su real sentido y dimensión en el contacto con el público. Para que ello se produzca es indispensable un compromiso de ambas partes, en principio del intérprete, para con el compositor, consigo mismo y con el oyente; este último deberá, por su parte, esforzarse para comprender lo que está sucediendo en el singular e irrepetible momento del concierto. Sin este pacto tácito entre ambas partes el hecho artístico simplemente no se produce –es como una cita entre dos personas a la cual una no asiste, o mejor, a la que acude un impostor que fingirá interés y, si se anima, hasta improvisará extrovertidos gestos y exclamaciones de aprobación-.
Ahora bien, el cumplimiento del compromiso al que aludimos otorga al público genuinos beneficios más allá, claro está, del goce estético. Por un lado lo proveerá de elementos para una crítica fundada y digna de ser tenida en cuenta; por otro la posibilidad de la aprobación o la reprobación igualmente fundadas (¿quién dijo que toda ejecución merece el aplauso?).“La música es un ruido sin sentido hasta que se encuentra con una mente receptora”, dijo el compositor alemán Paul Hindemith, invitándonos de alguna manera a un encuentro que, si se torna asiduo y exigente, terminará por darnos buenos públicos y contribuirá a la formación de mejores intérpretes. Por último nos parece oportuno rescatar la instancia del concierto público como una posibilidad de encuentro a través de un hecho estético (y por lo tanto elevado) que contribuya a enriquecer nuestra sensibilidad además de significar una experiencia franca y directa en este mundo nuestro de sustitutos y de máscaras.

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